SOLZ funcionaba con dos webs unidas en una red de WordPress, una por país, con dos inventarios que había que cuadrar a mano, fotos tan comprimidas que se veían borrosas en cualquier pantalla actual y una diagramación que su fundadora sentía que no estaba a la altura de la marca. Cada pieza la hacen a mano artesanos Kamëntsá y se vende a precio de lujo, así que la tienda tenía que sentirse tan cuidada como el producto, y atender a los clientes de Colombia en pesos y a los de afuera en dólares, con precios que incluyen envío y aranceles en vez de una simple conversión.